jueves, 31 de enero de 2013

Sólo queda sentirnos...

Dicen...
que una imagen vale más que mil palabras...



Y digo yo...
por qué?

Por qué la imagen vale más que la palabra...?
Por qué se necesitan mil palabras para comparar el valor de una imagen?

Esto me hace pensar y reflexionar con respecto al valor que tienen nuestros sentidos...

Hay sentidos que se cotizan en alta... y otros que ni siquiera están ya en el mercado.
Claro... es evidente que el tacto y la visión se llevan la palma de oro...
El oído está casi en rebajas...de oferta...
Y el olfato y el gusto ya se dieron por perdidos.

Evidentemente si ellos son la entrada de información a nuestro ser, y hay unos que valen más que otros... la información resultante de los cinco es bastante más escueta y reducida que la realidad contemplada.

Y eso me lleva a sentir que hay una necesidad urgente de reevaluación de la realidad que imaginamos vivir, dado que la respuesta que se da habitualmente, parte de esa limitación.

A todo esto... el sujeto, con esa limitación a cuestas... formula pensamientos, acciones, desarrolla actitudes, estrategias y respuestas, y a su vez, genera sentires y formas de vivir aquello que cree es su realidad.

Estamos ante un grave problema de comunicación... justo en el siglo de las comunicaciones, cuánta más posibilidad y facilidad hay, más deteriorante es.

Tal vez haya muchos medios de comunicación, por la falla de los mismos... y se inventa otro... y otro... y otro...
Porque quizás... el más simple... el de la palabra... ha fracasado.

Y así vamos... una especie que su sistema biologico es una comunicación continua... con un fallo comunicante alarmante.

Es como ir... contra nuestra propia biología...
Es como ir SIN SENTIDO

Guiados por sentidos que no perciben la totalidad... damos respuestas esquivas y poco comprometidas, siempre probando... siempre desconfiando... siempre escondiéndonos tras nuestras propias elucubraciones.

En otras palabras, nuestra mente está gobernada por fantasmas... y nuestras actitudes son en función de espejismos que nosotros mismos nos creamos.

Así... vivimos lo que queremos vivir, sentimos lo que queremos sentir...
No lo que la vida nos está ofreciendo. La vida es un abanico que se expresa en tus cinco sentidos, y cuando los aúnas, aparece un sexto... el famoso sexto sentido... que no es otra cosa más que apercibirse de la realidad un poco más amplificada de lo habitual.

Pero esas cosas no se dan... el ser se deja engañar fácilmente por sus sentidos dominantes, y así se hace esclavo de sus propios fantasmas y espejismos... dejando que el Cielo... se le vaya de las manos.

Si tocas el Cielo con las manos... y vives en la Tierra... cuando vuelvas a ella... dirás que el Cielo no existe, sólo porque no lo estás tocando ahora?

Acaso no ha quedado su eco en toda tu piel?
Es que... al no tenerlo siempre contigo... crees que se ha ido de ti?

Cuán cerrado se vuelve ese ser que sólo se guía por lo que está más próximo a él...
Cuán obstinado ese corazón se hace, qué se endurece por sus propios pensamientos... limitados pensamientos!!

Hasta cuando -habría que preguntarse- hasta cuando permitiremos que nuestros sentidos nos engañen y nos encierren en cárceles de  oscuras esperanzas?

Ya es suficiente...

Entre seres oscuros se entienden... se comprenden... se justifican... y se apoyan...
Entre luminosos nos encandilamos... y cómo ya no podemos vernos de tanta luz...
sólo queda sentirnos.