sábado, 26 de enero de 2013

La Elegancia...

 
 
Elegante es el viento cuando silba por las tardes,
elegante el manantial cuando brilla en su caer,
elegante la hormiga haciendo su camino,
y elegante la flor cuando deslumbra en su estar.

 
Hoy medito sobre la elegancia, aquella actitud que nos permitía ser más de lo que nos creíamos que éramos. Sí, la elegancia nos permitía tener eco, seguir resonando en cada paso, no tener límites, porque siempre la elegancia deja una estela.
Dónde está hoy la elegancia?
Quién la relegó exclusivamente al dinero?
Es que sólo se puede ser elegante siendo rico?
Es que entonces, la elegancia sólo es para la cuarta parte de la población mundial? -o menos, claro.
 
Las tres cuartas partes de la humanidad son denominadas "pobres", de esas tres cuartas partes, dos cuartos no tienen ni un dólar al día.
Es entonces, que ellos jamás podrán ser elegantes?
 
El diccionario nos engaña permanentemente acontando la elegancia a palabras aristócratas, ricas, y exclusivamente humanas.
Pero, yo me pregunto... de dónde salío la elegancia?
Seguro que a ningún hombre se le ocurrió al caerle una manzana!!
Fue gracias a contemplar la naturaleza que percibió que existía una forma de estar, muy diferente.
Rítmico, lento, detallista, con belleza, y por qué no, con bondad.
Sí ella está ligada a la distinción, y la humanidad la sigue limitando al dinero, los "pobres" sólo nos queda ser "vulgares".
 
Vaya!
qué disculpa más rápida.
 
"Soy vulgar porque soy pobre,
soy tosco porque no tengo dinero,
dejate de cosas, eso es para los ricos, nosotros somos gente común,
a mí decime las cosas a lo bruto, si no, no me entero,
agarralo con la mano, si total somos amigos".
 
Es la excusa perfecta para que la vulgaridad nos inunde permanente y constantemente.
Es la mejor manera para tolerar lo turbio, lo sucio, lo desarreglado, lo feo, lo que está hecho sin convicción, y mucho menos sin ganas, las cosas así nomás, la vida "chapucera".
 
"Para qué lo voy a hacer bien?
Para qué lo voy a hacer con gracia?
Para qué me voy a esforzar por ser distinguido?
Sí eso es cosa de ricos"
 
Así se va yendo la vida, y así se va yendo nuestra vitalidad.
El día a día cansa, y agota cualquier creatividad,
porque hemos dejado que nos convencieran de que la elegancia no nos pertenecía
que sólo era para los que podía pagar.
 
Qué trampa más ingeniosa!
Qué mejor manera de engancharnos al consumismo sin que nos diéramos cuénta!
 
Si se fijan, lo que compramos es elegancia.
La buscamos en canciones, en libros, y en revistas.
Entre películas y actores,
en tecnología que ni se sabe usar,
en la casa para poder aparentar,
en la vestimenta, porque está de moda,
en los peinados, que se deben de llevar,
en los accesorios que no deben faltar
y en las vacaciones que siempre deben estar.
 
No se dan cuenta del engaño todavía?
Nos han quitado la elegancia que nos pertenecía,
para vendernosla a modo de mercancía.
 
La relegaron a lo intelectual, a lo vendible, a lo exportable.
Cuando es absolutamente irracional, se junta con la belleza, y enamora sin igual.
 
Será que vamos búscandola porque hemos perdido la nuestra?
será que la vida sin ella, nos mata poco a poco?
 
La elegancia es ese toque de gracia y distinción que cada uno aporta cuando su estar es bondadoso, entregado, y amoroso.
No necesita dinero,
ni intelectualidades falsas.
Más bien necesita de un corazón sincero,
que se ame tanto para santificar hasta sus pausas.
 
Porque cuando uno es elegante, cuida.
Y el cuido es imprescindible para nosotros.
Somos la única especie que necesitamos años de cuidados para hacernos "independientes",
eso querrá decir algo!
 
Que seas cuidador, y cuidado,
que valores tus pasos y hasta tus pensamientos,
que no necesitas más público que tus ojos para entregarte a tu hacer,
que la elegancia no se aplaude, se necesita.
 
Tu no aplaudes cada vez que el oxígeno llega a tus células,
lo mismo debería de pasar con la elegancia.
 
No hay que halagarla,
hay que practicarla.
 
Porque eres elegante cuando sonríes de corazón,
eres elegante cuando hablas con el respeto de tu convicción,
eres elegante cuando tu vestimenta siempre es de ocasión,
no porque siempre compres, si no, porque siempre te sientas como nuevo en ella.
Cuando tu cuerpo está limpio,
cuando tu mente está tranquila,
cuando tus pasos son de abrigo,
y tus habitaciones den cobijo.
 
No hace falta soñar con otras vidas,
hace falta vivir otros sueños,
donde la belleza de mi historia personal
haga de mi sonrisa
un motivo de gracia, de distinción,
de personalidad, y de opinión.
 
Y siempre...
elegante
como
el
sol...
 
 


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